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Mari Paz Oregui · Voluntaria de Proyecto Hombre La RIoja

Mari-Paz-Oregui

“Yo soy voluntaria de Proyecto Hombre y siempre me dicen que me ven contenta: ‘Contenta, no; ¡feliz!’”

• Nombre: Mari Paz Oregui.
• Edad: 82 años.
• Es voluntaria desde: 2010.
• Profesión: jubilada.
• Tareas en la asociación: duerme dos veces al mes en la comunidad terapéutica. 

Mari Paz tiene 82 años muy bien llevados y compartidos. Desde hace 12 años colabora con Proyecto Hombre La Rioja. Dos veces al mes duerme en la comunidad terapéutica y, además, acompaña a los usuarios en sus salidas al monte. Escucharle y ver sus ojos iluminados por las experiencias vividas son el mejor impulso para convertirse en voluntario.

¿Por qué decidiste hacer voluntariado en Proyecto Hombre?
Era voluntaria de Cáritas y me invitaron a conocer Proyecto Hombre. Yo sentía terror, tenía a la entidad estigmatizada. Al entrar en la comunidad terapéutica y ver a los usuarios, todos mis prejuicios desaparecieron. Salí de allí feliz. Cuando me ofrecieron colaborar, no lo dudé un segundo. Me apunté la primera. De eso hace 12 años.

¿Doce años ininterrumpidos?
Solo dejé de ir unos meses por la pandemia y porque me caí justo antes de una excursión con los usuarios. Durante ese tiempo me hacían videollamadas y se preocupaban por mí. Cuando regresé, me recibieron con aplausos.

¿Cuáles son tus tareas?
Duermo en la comunidad terapéutica dos noches al mes. Fui de las primeras en realizar esta labor. Ceno con ellos, conversamos… los miro a los ojos y sé cómo están. Siempre intento acercarme a quien veo triste. Además, otros días salgo al monte con ellos. Nuestra misión es acompañarlos y apoyarlos. Hablo con ellos, me cuentan cómo se sienten, los escucho… Necesitan comprensión y cariño.

¿Has aprendido algo de ellos?
Sí, a superarme. Cuando llega un usuario por primera vez, le digo: “Con la vida que has llevado, que quieras cambiar y decidas venir a Proyecto Hombre es lo más grande que puedes hacer por la familia, por los amigos y, sobre todo, por ti mismo”. Les admiro. Cuando ves lo que  hacen ellos, descubres cosas en las que tú también te puedes superar.

Como voluntaria, ¿qué das y recibes?
Recibo mucho más. Doy comprensión, confianza, fuerza… Y ellos siempre me reciben con abrazos y un cariño difícil de explicar. Es muy gratificante. A veces me pregunto: “¿Qué les doy a estos chavales?”. Cuando terminan el tratamiento me siguen llamando, me escriben casi a diario, me cuentan que van a tener un niño, me mandan fotos del monte… Me hacen sentir llena.

¿Cómo animarías a ser voluntario?
Todo lo que llevas dentro, no lo guardes para ti, compártelo con quien te necesita. Yo soy voluntaria de Proyecto Hombre y siempre me dicen que me ven contenta: “Contenta, no; ¡feliz!”.