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MUCHO POR HACER

Guillermo Fouce · Presidente de Psicología Sin Fronteras

Guillermo-Fouce

“Los problemas de salud mental son una epidemia a la que necesitamos responder con muchos más medios y menos atajos”

El individualismo, la soledad no deseada y los problemas de salud mental son protagonistas en esta conversación con Guillermo Fouce, presidente de la Fundación Psicología Sin Fronteras.

Para luchar contra estos compañeros indeseados de nuestra sociedad, el doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid apuesta, entre otras acciones, por reconstruir espacios comunitarios contando con dos motores clave: los procesos de intervención social y el voluntariado.

Cuenta con una larga trayectoria vinculada al voluntariado. ¿Qué le motivó?
Empecé con el voluntariado social, que marcó todo mi camino. Ver situaciones de desigualdad y de exclusión te conmueve y te lleva al compromiso.
Mis experiencias han sido diversas. Comencé colaborando con niños y luego, en la carrera, con personas que salían de prisión para morir. También he aplicado otra de mis pasiones, la psicología, en emergencias, en situaciones de exclusión y tratando de sensibilizar a los compañeros de profesión para ejercer de manera comprometida, sin fronteras, con una visión multicultural y comprometida con el cambio social.
Siempre he tenido claro que hay que: actuar sobre la realidad; pensar sobre las causas y la necesidad de cambiarlas; y sensibilizar, educar, “enfadar”. No concibo la acción voluntaria sin conectar estas tres dimensiones y sin pensarla desde mi profesión.

¿Qué labores realizan en Psicología sin Fronteras?
Empezamos y seguimos ligados a catástrofes y emergencias: Biescas, el 11 M, los accidentes de Spanair o el AVE, procesos de exhumación, el COVID… También actuamos en catástrofes más cotidianas como los duelos.

Ampliamos fronteras para crear una red de entidades con el mismo nombre. Estuvimos, por ejemplo, en Kosovo, Irak, Siria, apoyo a cuidadores y profesionales; atención a migrantes; respuestas a la soledad no deseada; investigación aplicada; programas de sensibilización y educación en valores…

La pandemia ha cambiado la vida de muchas personas y el individualismo ha sido una de sus consecuencias. ¿Se puede construir comunidad con acciones de voluntariado?
La pandemia mostró lo mejor y lo peor. Hubo respuestas de solidaridad muy valorables; pero también trajo consecuencias a largo plazo que seguimos viviendo, como los problemas de salud mental. Son una epidemia a la que necesitamos responder con muchos más medios y menos atajos.
Las pastillas solo resuelven problemas a corto plazo y hay un planteamiento muy dañino, ése que dice: “Si quieres, puedes curarte y estar bien”. Parece que si estamos mal es porque queremos y no por las circunstancias que nos llevan a estar mal que, en muchos casos, son las que habría que cambiar y no a la persona.
El individualismo y la soledad no deseada me parecen situaciones de mayor calado y que no tienen que ver del todo con la pandemia, van ligadas a las formas de vida actuales. Vamos muy deprisa a todo o tenemos múltiples conexiones, pero muy pocas relaciones. Son vidas, sociedades, amores y miedos líquidos.
Necesitamos reconstruir espacios comunitarios que den respuesta al individualismo y a la soledad no deseada. Ahí los procesos de intervención social y el voluntariado resultan claves para recuperar elementos como la ciudadanía y su ejercicio o el reto de construir una sociedad de los cuidados democrática y que considere el cuidado como un derecho y un deber.

Estos últimos años, en La Rioja ha disminuido el número de personas voluntarias. ¿Este hecho está ligado a la pandemia?
Es una mala noticia. No sé si está ligado a la pandemia. Es cierto que la pandemia acrecentó los malestares de todos poniéndonos en situaciones de mayor vulnerabilidad. La respuesta debería ser más solidaridad, más espacios de encuentro, más relaciones de calidad y significativas, más tender la mano y más pedir el cambio de las causas del malestar.

En nuestra sociedad cada vez más personas tienen problemas de salud mental. ¿Qué pueden hacer las entidades sociales?
Para mí es esencial, para empezar, que las entidades seamos coherentes con lo que decimos y cuidemos también a las personas que intervienen en nuestro trabajo: los voluntarios y profesionales. Hay una tercera ola de problemas de salud mental de la que ahora se habla y se reconoce. Por fin se ha roto el estigma de la salud mental, pero nos encontramos con que la gente, la mayoría de las veces por falta de recursos, no pide ayuda o usa atajos como las pastillas.
Necesitamos ir de la mano profesionales y organizaciones voluntarias – o como en el caso de nuestra Fundación, que somos una mezcla entre profesionales y voluntarios– para hablar de esto, responder de manera adecuada y desarrollar procesos de acompañamiento, de encuentro, de ayuda mutua… Cada uno en su papel y con sus conocimientos y formación, pero precisamos responder de manera compartida y colaborativa.

Según SoledadES, en España sufre soledad no deseada un 13,4% de la población. Además, un estudio publicado en El País señala que los menores de 25 años se sienten más solos que los mayores de 65. ¿Se puede paliar esta situación?
Una red, por cierto, de la que fuimos entidad fundadora y de la que participamos. Empezamos hablando de la solead no deseada en personas mayores y vimos que había que hablar de “soledades”: las que sufren los jóvenes, las personas con discapacidad, las personas sin hogar, los cuidadores…
Debemos responder de manera colectiva. Desde la plataforma pedimos que haya un plan estatal de lucha y respuesta contra la soledad no deseada como tienen otros países. Además, las entidades podemos trabajar juntas para fomentar la solidaridad, la creación y el desarrollo de redes, la construcción de espacios de encuentro… Tenemos que cooperar y trabajar más en conjunto de manera transversal y también con las Administraciones públicas.

En varios cortometrajes presentados por estudiantes de educación secundaria al concurso “La solidaridad tiene un premio” aparece el suicidio como una solución a los problemas. Nunca se había plasmado tanto y de esta manera. ¿Cómo se puede ayudar a los adolescentes?
Sin duda, tenemos un problema con las ideaciones suicidas y con los jóvenes. Viven situaciones difíciles, con desesperanza y un futuro muy incierto. Por primera vez, piensan que vivirán peor que sus padres.
La pandemia les impactó especialmente porque, en un periodo clave en el que tienes que definir quién quieres ser, vieron frenadas las posibilidades de relacionarse y de estructurar sus emociones. Tienen una vida repleta de conexiones, pero en muchos casos vacías de relaciones significativas: amores líquidos, relaciones líquidas…
Tomemos en serio el problema y trabajemos en los colegios e institutos donde no solo se forman en lo profesional y cultural, sino también como personas. Hay que visibilizar y trabajar en las emociones y cómo manejarlas, en reír, sí, pero también en llorar. Trabajo en el Ayuntamiento de Getafe como coordinador de Salud. Acabamos de aprobar el primer plan de prevención y promoción de la salud mental (solo tiene uno Barcelona) y le hemos puesto de sublema una canción del rapero y buen amigo El Chojin: “Ríe cuando puedas, llora cuando lo necesites”. Es un guiño a la necesidad de reír y llorar y, también, a la necesidad de cambiar de longitud de onda, de lenguajes y de forma de comunicarnos para conectar con los adolescentes y jóvenes, por ejemplo, a través de la música.

¿Qué retos considera que tiene el voluntariado en la actualidad?
Pongo el camino a desarrollar entre el activismo –hacer muchas cosas y pensar en lo que hacemos y porqué lo hacemos– y la respuesta –responder a las consecuencias, estar con las víctimas y pensar en los porqués y la necesidad de cambiar las cosas–.
También son retos la formación; cuidarnos como cuidadores; construir espacios de ciudadanía; indignarnos por la injusticia, por la precariedad, por la desigualdad; romper fronteras y construir un mundo más habitable, más justo, más ecológico…
Es preciso cooperar entre nosotros y nosotras y no pensar que las cosas son tan sencillas como reducirlas a lo individual o creer que “querer es poder”. Recuperemos el contexto y las causas para responder a las consecuencias con actividades y activismo y siempre pensando en cómo cambiarlos.